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"La esquina del Mocho Murillo " (La esquina del mocho Murillo estaba ubicada en paseo Bolívar con la 41 y era llamada jocosamente el consulado de Manatí en Barranquilla, esperemos que esta esquina virtual se convierta en una ventana de los manatieros hacia el mundo).

Al Buen Padre
Por Hernando Castillo

Hoy por vez primera me decido a escribir sobre alguien en particular, pero ese alguien creo es quien de manera especial representa a todos los buenos, abnegados, responsables e incansables hombres que luchan, sin medir distancia, tiempo o consecuencia alguna por difícil que esta parezca, por sólo tener en mente una idea definida y clara, ser "buen padre," y cuando hablo de ser buen padre no limito el termino a procreación biológica, porque esta es como se dice popularmente, acción de cualquier esquina.

Buen padre, según mi percepción es un conjunto de actitudes y aptitudes condicionadas por acciones determinantes para llegar a dicha calificación. Buen padre fue él, que sentía tener el deber de padre para con su pueblo, si, porque para él, su pueblo era un hijo, un hijo que necesitaba de un padre, que reclamase siempre por sus derechos, ante quien ese momento tuviese el poder de conceder o decidir sobre dichas peticiones. Buen padre era el concepto que tenia sobre la amistad para con sus amigos y familia, el estar siempre presto a colaborar con cualquier padre amigo, que necesitase de un buen consejo y que conllevase a buen término y hacer feliz el núcleo familiar. Buen padre para con sus hijos porque el amor y el cariño por sus hijos no sobrepasaba la responsabilidad y deber de corregir acciones, actitudes o cualquier desmán que fuese en contra del buen comportamiento, ante sí mismo, ante el o ante la sociedad.

Ese hombre a quien hoy me refiero es el hombre del que orgulloso me siento, cuando por lo menos mis pensamientos aun sin poder ser igual de probos como los de él, cuando mis acciones quieren ser un poquito el reflejo de las suyas que tan grandes fueron y cuando parado frente al espejo y mirando fijamente mi imagen le digo, que orgullosos serian tus hijos, si tu pudieses ser igual y llevar decorosamente ese nombre que pesa tanto el de tu padre.

SU MUERTE.

Febrero 20 de 1979. Sería la una pasada de la tarde cuándo a mi cuarto se acercó Joselina, quien ese momento era para la familia como una mal llamada ama de llaves, era la amiga incondicional, la mujer para la que no existían secretos de familia y en quien en mi padre confiaba ciegamente como un miembro más del cerco familiar; me despertó con una voz que aun recuerdo, una voz que decía que algo grande estaba pasando en la casa del viejo Hernando, como lo llamaban muchos de sus amigos y quienes debían y profesaban un respeto al pronunciarlo. Corre ve a buscar a la niña Gladis y dile que venga que Hernando tiene el dolor en el pecho con que han muerto todos sus hermanos; a mis escasos 12 años ya mi padre me había encargado la responsabilidad y tarea de manejar aquella camioneta willys modelo 46 con la que recogíamos la leche para su pequeña fábrica de quesos, recuerdo llegué con la tía Gladis, para nosotros todos sus sobrinos era la tía "nena", ella de inmediato me dijo ve donde el Dr. Cassiani quien era en ese momento el médico al que el pueblo, no sólo respetaba, sino en el que se creía como autoridad médica y quien además era uno de sus mejores amigos, con el que se disgustaba y dejaba de hablar por algún tiempo pero que seguían siempre pendientes el uno del otro con un celo y cariño de hermanos inexplicable; dile que venga que Hernando lo necesita enseguida y que le está doliendo el pecho, no titubeó, como resorte se disparó del sillón de su consultorio que tenía preparado en un pequeño cuarto de la casa, sólo me dijo vamos, déjame coger algo en la vitrina y el maletín, llegamos a la casa y ahí estaba el sentado en el extremo de una cama de lienzo, enconchado y apoyado sobre sus dos brazos rectos contra el larguero de la cama, sin inmutarse, sin denotar ninguna emoción de tristeza o alteración sólo dijo "ve a buscar a tu mamá al monte", sin replicar o pronunciar palabra alguna, era mi tercer viaje esta vez hasta la finca donde estaba la vieja Libia como también la llamaban sus amigos y amigas, pasarían unos 15 minutos entre ida y regreso de la finca; cuando ya estaban todos los que creo en ese momento el sabia que podían llegar a estar con él y dar ese testimonio de muerte; no pude nunca saber que le dijo a la tía Nena, al Dr. Cassiani y a la vieja Libia, sólo se y vi que miró a todos los que allí estaban, incluyéndome a mí y mi hermano Marcos que con sus escasos 7 añitos no creo entendía lo que estaba pasando, creo que con mirar a todos se estaba despidiendo, se acostó sobre su espalda, creo su dolor fue tan intenso que torció su boca y los ojos, el Dr. Cassiani al ver a su amigo muriendo y sabiendo como buen médico que eran sus últimos momentos intentó irse, la tía nena lo tomó del brazo y casi gritando le dijo Dr. no me deje solo Hernando se está muriendo, Cassiani sacó de su maletín aquella inyección que aplicó directamente a su corazón y que por unos segundos creí era un milagro pues las facciones de la cara del viejo Hernando volvieron a su estado normal, se levantó de la cama, extendió los brazo hacia el cielo y gritó "ME ESTOY MURIENDO NOJODA", volvió a sentarse y con los ojos abiertos quedó tendido sobre su espalda, a su lado Delfa Castillo su prima lo tomó de su brazo con una mano y la otra regañándolo la posó sobre sus ojos cerrándoselos y diciendo "descansa en paz Nando castillo……."